Reflexiones sobre «Antes del Amanecer» (Before Sunrise)

La propuesta

Desde ayer que me animé a ver la película «Antes del Amanecer» del director Richard Linklater (Waking Life) no he parado de reflexionar sobre la maravillosa creación que nos regala, actuada por Ethan Hawke (Jesse) y Julie Delphy (Celine). Debo confesarme que tenía mis temores de ver otra película romántica más, que nos vendía esas ideas rosas sobre el amor y mi media naranja. Pero ¡NO! es una película que la podría definir como anti-romántica, pero que es tan romántica como Drácula o Natural Born Killers, aclaro que esas me parecen unas hermosas historias de amor.

Esta es una película que nos maravilla con la genialidad de los diálogos y de la situación, alejándose de las grandes bandas sonoras que buscan darle mayor énfasis a las emociones, que son vividas de forma natural por el espectador, en el encuentro fortuito de estos dos extraños.

La ciudad escogida es Viena, es de esas ciudades ideales para una historia cargada de personajes tan ajenos y tan cercanos a la vez: Mozart, Freud, Klimt o el mismo Hitler. Es de esas ciudad que al caminar uno siente temor de hacer algún daño porque todo es tan antiguo, mágico y cargado de historia que inspira respeto y profunda admiración.

Pero vamos al contenido de la película y dejemos de lado otras cosas.

En la versión que pude ver de la película disfruté mucho de no tener subtítulos en los diálogos en alemán, ya que le daba esa vivencia de no entender nada de lo que te dicen, que vivía el protagonista y que me sentí profundamente identificado por mi paso en esa ciudad.

La pregunta empezó en un moleskine que me regalaron de navidad y que lo estrené así:

¿Por qué cuando tenemos un corto tiempo para conocer a alguien construimos relaciones maravillosas y se van llenando de polvo cuando creemos tener toda la vida junto al otro y al otro como algo seguro?

La respuesta es la verdadera disculpa para escribir sobre esto.

Esta producción tiene un trasfondo existencial, y enfocado en uno de los temas más importantes para esta corriente de pensamiento: la temporalidad.

Cuando estamos cercanos al final y nos hacemos conscientes de esto, empezamos a movernos a una velocidad menor para alcanzar a hacer mucho en el poco tiempo que nos queda. Pero pareciera que algunos hacen lo contrario, al sentir angustia por acercarse al final se aceleran creyendo que esto les permitirá hacer más en el tiempo que les queda y terminan es acelerando la llegada al final y un periodo de tiempo menos sentido. 

Esta pareja decide ir por la primera opción y caminan lento para aprovechar el tiempo que les queda. Deciden aceptar el final como una decisión adulta, «racional» y no venderse falsas ilusiones más allá de lo que tienen. Esta decisión los lleva a poder darse al otro en el encuentro y poder disfrutar del ser del otro y no quedarse en sus formas que distorsionan el encuentro y se maravillan con la existencia de algo, cuando podría no haber nada (Heidegger).

Amar que algo es…

Este tipo de relación es llamado por Heidegger como una existencia auténtica, que les permite ser y ver con los ojos del amor que te hace ver más allá de las simples formas que nublan el encuentro, que les permite entrar en este encuentro y ser transformado hacia alguien nuevo y muchas veces desconocido para sí mismo.

Este tipo de relación establecida por los protagonistas les permite tener diálogos donde se devela la realidad de cada uno de ellos: «a veces parece que el feminismo fue creado por los hombres para tener sexo más fácilmente», «creo que si existiera Dios no estaría en ninguno nosotros, ni en ti, ni en mi, sino en este pequeño espacio intermedio entre nosotros», esa última sería una definición de dios para los existencialistas.

Amar a alguien…

La película llega cada vez más al momento de la despedida y deciden (aparentemente) no hacer el amor, porque eso dañaría todo y finalizar todo en el momento en que estuvieran listos. Para eso se podría parafrasear a Yalom en su libro «El Día que Nietzsche Lloró»:

Nietzsche dijo:

«¡Viva cuando vive! La muerte pierde su cualidad aterradora si uno muere cuando ha consumado su vida. Si uno no vive cuando debe hacerlo, no puede morir en el momento justo».

Esta película nos invita a disfrutar las maravillas de la finitud, en hacer de cada decisión, en algo que nos acerque a aceptar la maravilla del límite que hace que cada oportunidad se convierta en algo único e irrepetible.

Finalizo con la traducción del poema que le compran «a la modalidad vienesa de mendigar» a orillas del Danubio que resume un corto encuentro que se inmortalizó en los dos:

El poema

«Delusión Angel»
Ilusiones de ensoñación
pestañas de limusina
cariño, con tu hermoso rostro
vierte una lágrima en mi copa
mira esos ojos
mira lo que significas para mí
pastelitos y lecha malteada
soy un ángel ilusorio
soy un desfile de fantasía
quiero que sepas lo que pienso
ya no tendrás que adivinarlo
sabes de dónde vengo
no sabemos adónde vamos
alojados en la vida
como ramas en un río atrapadas por la corriente
te llevo
me llevas
así podría ser
¿no me conoces?
no me conoces aún… «



JUAN PABLO DÍAZ DEL CASTILLO B.
Bogotá, enero del 2014

La verdad

«Se encuentran profundamente sumergidos en ilusiones y ensueños; su mirada se limita a deslizarse sobre la superficie de las cosas y percibe ‘formas’, su sensación no conduce a ningún caso a la verdad, sino que se contenta con recibir estímulos, como si jugase a tantear el dorso de las cosas»

Friedrich Nietzsche

Comprensión

«Me doy cuenta de que el hombre del que se dice que está engañado, en su engaño puede estar diciéndome a mí la verdad, y no en un sentido equívoco o metafórico, sino recta y literalmente».

Ronald Laing

Actitud

«… En medio del odio descubrí que había, dentro de mí, un amor invencible. En medio de las lágrimas descubrí que había, dentro de mí, una sonrisa invencible. En medio del caos descubrí que había, dentro de mí, una calma invencible. Me di cuenta a pesar de todo eso… En medio del invierno descubrí que había, dentro de mí, un verano invencible. Y eso me hace feliz. Porque esto dice que no importa lo duro que el mundo empuja contra mí; en mi interior hay algo más fuerte, algo mejor, empujando de vuelta».

Albert Camus